Una izquierdista desencantada con Podemos
Y tampoco creo que Vox sea la solución a los problemas que están sucediendo actualmente. Soy de izquierdas desde que tengo uso de razón, por que creo en los valores de libertad, igualdad, solidaridad, laicismo, derechos humanos, democracia, justicia social, etc. No apoyo a ningún régimen autoritario, aunque se denomine fascista, comunista, monárquico o teocrático.
Las razones de mi decepción no son de tipo ideológico, sino por la falta de políticas veraces para mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras y dedicarse a cuestiones de pura banalidad.
A diferencia de lo que diga la derecha más radical en España, no creo que el gobierno de coalición PSOE-Podemos (actualmente PSOE-Sumar) sea comunista. Habría que matizar muchos conceptos y armarse de cultura política. Por mucho que lo califiquen de «social-comunista», no es un gobierno comunista en sentido estricto. Es un gobierno de izquierda posmoderna influenciada por los postulados "woke" provenientes de las universidades americanas. Y buena prueba de ello son las políticas "feministas" y de "igualdad" promovidas por el Ministerio de Irene Montero. El comunismo es otra cosa, y no toda la izquierda política es comunista. Es un error muy común confundir el comunismo con la izquierda en general. Según lo define Marx, el comunismo es la última etapa del socialismo, cuando se logra la superación del sistema capitalista, una sociedad sin clases y desaparece el Estado como órgano representante de la clase dominante. En esta etapa intermedia, está el socialismo. En este caso, el Estado español sigue siendo el mismo, con la misma Constitución sin apenas reformas, y el sistema económico imperante sigue siendo el capitalismo neoliberal. Lo que tenemos es una izquierda pequeñoburguesa más centrada en cuestiones puramente particulares como el género, la orientación sexual, la raza, la religión o el veganismo.
En lugar de invertir gran parte de dinero público a servicios esenciales como la sanidad, la educación, los servicios de seguridad, las infraestructuras públicas, el transporte público, ayuda a mujeres maltratadas o a la infancia vulnerable, etc. Se dedican a gastar el dinero del contribuyente en ridiculeces como campañas publicitarias sobre "lenguaje inclusivo" (el famoso "todos, todas y todes"), "diversidad", "huelga de juguetes" y demás mercachifles. Además de inyectar grandes cantidades de dinero público a chiringuitos que promueven dichos delirios. Creo en la igualdad entre los hombres y las mujeres y me opongo a toda clase de violencia contra la mujer. También apoyo los derechos de las personas LGBTIQ+, pero me opongo a las tesis pseudocientíficas de la teoría queer (la denominada como «ideología de género» según la derecha conservadora) en las que se niega la existencia del sexo biológico y reduce la identidad femenina al sentimiento subjetivo. Las razones que expongo en mi oposición a estas teorías tal vez no sean las mismas que las de la derecha, sino que esta teoría queer supone un retroceso en los derechos de la mujer biológica. Respeto lo que cada uno quiera hacer con su cuerpo y su sexualidad, pero no se debe adoctrinar a la infancia con ideas fantasiosas sobre la identidad de género. Eso les generaría más inseguridad a personas en una edad donde todavía no se alcanza la madurez suficiente para entender procesos tan complejos como la identidad de género y la disforia. En cuanto a la negación del sexo biológico, el contenido de estas teorías es bastante peligroso. Si negamos la existencia del sexo biológico, estamos negando la existencia de la discriminación contra la mujer por el hecho de ser mujer. Y esto tiene como consecuencias que agresores sexuales se infiltren dentro de espacios reservados a mujeres con tal sólo definirse como tal o que hombres biológicos compitan en las categorías femeninas de eventos deportivos, dejando en clara desventaja y en situación de desprotección a las mujeres biológicas. Y, tristemente, la mujer aún sigue discriminada a día de hoy y ha sido discriminada en épocas anteriores. Y el patriarcado afecta a todas las mujeres de los cinco continentes y en todas las culturas, con prácticas como la ablación del clítoris, la imposición de un determinado código religioso de vestimenta, los cánones de belleza irreales, la brecha salarial, etc. Y estas leyes basadas en la teoría queer van a hacer que las mujeres pierdan los derechos por los cuales llevan siglos luchando.
En mi humilde opinión, se ha producido un enorme distanciamiento entre la clase trabajadora y la izquierda actual. Esa es la dura realidad, mal que le pese a algunos. Al trabajador actual no le interesan los géneros no binarios, ni las políticas "verdes" ni la supuesta "islamofobia", lo que le interesa es poder cubrir sus necesidades básicas del día a día, madrugando de lunes a viernes a las 6 y media de la mañana para buscarse el pan. Y esto se está viendo en los resultados de las últimas convocatorias electorales, donde las zonas que en la década de los 80 votaban al PCE o a IU ahora están votando a Vox. La izquierda actual ha abandonado el discurso del universalismo y de la lucha de clases para ahora centrarse en cuestiones más particularistas e identitarias de tipo racial, sexual, religioso, etc.
Para las próximas europeas, estoy segura de que no voy a votar a Vox. Pero a partidos como Podemos, Sumar o cualquiera que defienda el wokismo, tampoco. Trataría de buscar otras alternativas, aunque sean partidos que obtengan un 0,3% de los votos en las urnas. No obstante, me definiría en estos momentos como una "politically homeless", es decir, una huérfana política. Podemos (y sus subproductos como Más País o Sumar) no me representan ni tampoco Vox me representa.
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